11.30 am. estaban ella y su hija de unos 10 años en la puerta. Niños! La verdad es que no me gustan mucho pero al final soy buena con ellos cuando me veo en la imperiosa necesidad de convivir con uno. Cuando fuimos al mercado le compré galletas, y cuando llegamos al apartamento empecé a preguntarle si quería llevarse algunas de las cosas que ya no usaba. No ropa ni nada parecido, sino mas bien tipo juguetitos, cremitas y chucherías que andaban por ahí regadas por todo el apto. Dijo que si a todo y se lo llevó. Y estuvo entretenida con eso todo el tiempo que Gumercinda estuvo en casa. A ratos me miraba sin decirme nada, quisiera saber qué estaría pensando. Qué piensa uno a los diez años... ya no lo recuerdo.
La tendencia de deshacerme de cosas inútiles la heredé de mi madre. Cuando era pequeña y empecé a ver esa cosa suya de botar todo -sus cosas, las mías y las tuyas- a la basura, sufrí un poco porque me gustaban mis chucherías y me apegaba a ellas como un perro a su hueso. Pero después con el tiempo valoré ese rasgo de mi madre y empecé a ponerlo en práctica. Cosa que no sirve o no se usa, se bota o se regala si es del interés de alguien, sin remordimientos. Es más sencillo hacer aseo y ordenar, y de gran utilidad a la hora de mudarse, cosa que hago mucho últimamente. Ligera de equipaje.
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Hablé con mi amigo Juli. Fuimos compañeros de clase en un periodo que quizás fue uno de los más felices de mi carrera. Eran las vacaciones de no se qué año y nos conocimos en una clase Control de Producción. A estas alturas ya no se para qué estudiamos todas esas cosas y él debe saber aún menos ya que ahora se dedica a las carreras de motos. Al final lo que quedan son los periodos felices y los buenos recuerdos, las tardes de tirarnos al pasto en el Bobo, las sesiones de trabajo en la cafetería y las noches de pizza y cocteles en el bar de la 19. A duras penas nos acordamos de cómo calcular puntos de reorden y hacer suavizaciones exponenciales, pero las tardes no las olvidamos.
Juli dice que me habló la primera vez porque quería conocerme, y que el día que me habló yo tenía un palillo en la boca y eso le pareció exótico. Me sorprendió gratamente el nivel de detalle que guarda de ese encuentro, sobre todo porque yo rara vez recuerdo detalles visuales tanto como detalles olfativos. Después de todo este tiempo, yo se a qué olía Juli, a qué olía su apartamento y hasta a qué olía su novia.
Me contó sobre su pasión por la fotografía y me mostró algunos de sus trabajos. Le pregunté si era feliz y me dijo que si. También me dijo que me quería y yo también se lo dije.
2 comentarios:
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