Estos días he estado muy pensativa a propósito de mi inminente mudanza a los Estados Unidos. Esta mudanza tiene una cosa particular y es que me estoy yendo de un lugar en el que no me siento mal sino que por el contrario me siento bastante bien. A lo largo de estos años nómadas he descubierto que para que me guste un lugar se necesita la mayoría de los siguientes factores:
- Clima: ni muy caliente ni muy frio. Si tiende a ser alguno de los dos extremos, prefiero el frio pero no tanto.
- Comida: si bien he aprendido a cocinar y sobrevivir comiendo en casa, me gusta que la comida de fuera sea rica para cuando tenga ganas de salir no sufrir eligiendo lugar ni echándome la bendición para que el chef esté en día de inspiración (como me pasaba en Buenos Aires).
- Locomoción: transporte publico, bicicleta, carro, cualquier cosa pero que haya cómo desplazarse de alguna manera sin demasiado estrés ni pérdida de tiempo. Y esto quizás es lo que más sufrí en San Pablo porque desplazarse por cualquier medio es muy complicado: hay metro pero no tiene cobertura suficiente, hay buses pero no tienen la frecuencia adecuada, no hay infraestructura para andar en bici de una manera segura y hay demasiados carros como para que esa sea una alternativa viable. Transporte público eficiente tenía Buenos Aires de sobra.
- Temas laborales: hay diferencias en la cultura laboral de los diferentes lugares donde he estado y eso acaba pesando mucho en mis decisiones de moradia. Por más que extrañe muchas cosas de Colombia la cosa laboral es uno de los principales motivos por los que continuo fuera. Me parece que los colombianos tenemos una mentalidad de vivir para trabajar y no trabajar para vivir, y la verdad es que ya es suficiente con tener que trabajar ocho horas por día cinco días a la semana como para que además uno empiece a ceder un minuto más de su tiempo a cambio de... nada, supongo. Yo en Colombia trabajé demasiado, estuve en proyectos donde había que quedarse hasta tarde e incluso ir algunos fines de semana porque los tiempos estuvieron mal calculados desde el inicio, trabajé en lugares donde miraban mal al que agarraba sus cosas y se iba a las seis como si no fuera ese el horario combinado, se almorzaba cualquier cosa delante del computador para no perder tiempo, encima habia que ir todo emperifollado -hombres de corbata y mujeres en tacón y maquilladas aunque no fueramos a ver ningún cliente (yo siempre zafé porque muy elegante no soy y los tacones, las faldas y el maquillaje me dan urticaria), y la lista continua... Y todo eso es normal a los ojos de la gente, las personas aprenden a convivir con eso porque nunca han visto nada diferente, y porque además nacimos en un país en el que si no te gusta, la puerta está abierta para que salgas y entren cinco más que si están dispuestos.
No sabría decir por qué pasan esas cosas, por qué no se tiene más respeto por el empleado. O por qué dado que se trabaja tanto, no somos un país más productivo y nuestra economía no está al nivel de otras en las que se trabaja en mejores condiciones.
Cuando estuve en Buenos Aires alguna vez escuché a un compañero de maestría decir que no le gustaba tener que viajar a Colombia porque siempre que iba lo hacían madrugar mucho. Yo me rei pero en realidad en Argentina yo nunca me levanté antes de las 8.00 am. para ir a trabajar porque siempre tuve horario flexible. Claro que si llegaba tarde me iba tarde, la gente es honesta y cumple sus horarios. Pero en Colombia el tema es que entras a las 8.00 y nunca sabes a qué horas vas a salir y se te va la vida trabajando.
Con todo y eso, Bogotá me encanta y me doy cuenta de eso cada vez que voy. Por todo, por mi madre, por mis amigos, por la comida, porque está más linda últimamente y porque tiene mucha historia, recuerdos, muchas más cosas vividas que cualquier otro lugar ll que pueda llegar a mudarme. No te tienes que esforzar por entender a la gente, no porque hablen español y aqui hablen portugués, sino porque ya sabes cómo piensan, entiendes lo que sienten, lo que les atrae, lo que miran, etc. etc.
Tengo amigos brasileros que se están yendo de aquí porque se cansaron de la inseguridad, de la corrupción, de pagar tantos impuestos y no ver suficiente retorno, de que vivir bien sea tan caro, etc. etc. Tengo amigos argentinos que se fueron de Argentina porque se cansaron de que el gobierno les prohibiera comprar dólares y hacer lo que se les cantara con sus pesos. Y también conozco a alguien que dejó su trabajo y sus amigos en Mónaco y vino vivir a San Pablo y cada vez que le preguntan dice que vivir en Mónaco es muy aburrido y que él vive mejor aquí, ante la mirada atónita de los brasileros que darían esta vida y la otra por irse a vivir a Europa. La verdad es que cada uno tiene sus circunstancias y cada quien tiene que hacer con su vida lo que le plazca, vivir donde sea más feliz y si no le gusta, pues mudarse y volverse a mudar.