Tengo la impresión de que cuando pasan cosas que me afectan escribo para hacer catarsis. Claro que no siempre escribo sobre eso pero si vuelvo a leer posts de hace tiempo -y eso es lo lindo del blog- se me viene a la mente el momento por el que estaba pasando y mi estado de ánimo se entreve.
Acabo de dejar de ver a alguien a quien llevaba viendo unos meses, nos re-encontramos en Thanksgiving el año pasado cuando las dos estábamos un poco rotas, ella por haber terminado su relación de un año y yo por el invierno que después de tres años me sigue cayendo como la mierda. Nos acompañamos durante todo el invierno, la primavera pero no sobrevivimos al verano. Esta es la prueba de que ya no soy blanco/negro porque de otra manera nunca habría vuelto a salir con alguien que ya salí porque va contra mis principios y porque generalmente ya no me nace. O quizás fue porque el timing de la primera vez fue pésimo.
También es la primera vez que estoy con alguien que se va, siempre he sido yo la que me voy. Ella se va porque no es feliz aquí. Yo vengo saliendo de Latinoamérica y ella va llegando.
Otra vez pienso que con los años uno aprende a lidiar con esas cosas de manera diferente, ya no siente la necesidad de contarlo a mucha gente. A lo mejor porque nunca fue muy formal o porque ninguna de las dos estuvo nunca demasiado convencida. No se qué tan triste esté ella. Yo estoy a mi manera, que es una manera muy particular, que me favorece mucho.
Hablamos de esto hace muy poco en nuestro primer y último viaje cuando nos sentamos a conversar en la playa, y me dijo que envidiaba como las personas -y yo en particular- era capaz de compartimentar (dividir en compartimientos) mi vida y las cosas que me pasaban. Ella en cambio era una sola y sentía todo de manera 'holística', lo cual le impedía disfrutar de cualquier momento o situación en su vida cuando algún otro no estaba bien o estaba desbalanceado. Y yo la verdad es que me pongo feliz con una buena cena. Con el tiempo uno aprende a encontrar pequeños placeres que hacen la vida más agradable en vez de sufrir permanentemente. Guardar la tristeza en un compartimiento para que no tome control de la vida entera, si es que se puede. Cuando se puede.