He escrito algunos posts llenos de mala onda con esta ciudad que tan amablemente me acogió en sus brazos y que me ha tratado tan bien. Quizás es por los momentos difíciles que he tenido pero la verdad es que no hay que ser desagradecidos nunca con las personas, ni con las cosas, ni con las oportunidades ni con la vida en general así que en este post intentaré resarcir todo lo malo que he dicho -o parte de ello-.
He ido entendiendo de a pocos que las personas siempre son lo más importante. De no haber sido por Buenos Aires quizás no lo habría entendido, así como tampoco habría conocido nunca a la gente que he conocido aquí y que son muy lindas personas. Más que lindas en verdad. He conocido gente que quiero mucho, y he conocido gente a la que admiro profundamente. Argentinos, si. A pesar de ser un poco hoscos, si. Porque lo son. O será más bien que los colombianos somos en exceso cariñosos. Es tal vez un poco de los dos.
Además, de no haber sido por Buenos Aires no habría aprendido un montón de cosas que aprendí, en el trabajo y fuera de él. Seguramente no habría conocido todos los lugares que he conocido... no habría vivido las cosas que he vivido, en fin. Un montón de cosas. Y sobre todo, de no ser por Buenos Aires no estaría siquiera soñando con ir a Brasil porque probablemente no habría ido nunca y no me habría enamorado de Sao Paulo. Hay cosas que van moldeando de alguna manera tu futuro sin que te des cuenta. A veces te pasan cosas que no entiendes pero todo, absolutamente todo, pasa por alguna razón y he aprendido a aceptarlo de esa manera y no ir contra la corriente. A veces me cuesta convivir con cosas que se salen de mi control, pero ciertamente Buenos Aires ha sido un buen entrenamiento para eso. Sobre todo los últimos tiempos.
Buenos Aires es una de las ciudades más lindas en las que he estado. Es linda por si misma. Tiene calles lindas, tiene casas lindas, es organizada, es estéticamente agradable. Era algo que antes de venir aquí yo no notaba. No notaba la ciudad, simplemente no reparaba. Quizás es un vicio de haber vivido siempre en la misma ciudad y sobre todo, en una ciudad como Bogotá que últimamente parecía tan deslucida entre las obras, la lluvia y el tráfico . Entonces llegó alguien y me enseñó a disfrutar de la ciudad, a apropiarme de ella, a caminarla, a observarla e incluso a olerla. Todavía no le agradecí todo lo que debía por haberme enseñado y por haberme hecho ver que tengo la capacidad de sentir un lugar de esa manera. Sentir Buenos Aires como ella lo sentía.
Buenos Aires tiene cada callecita, cada edificio lindo, cada estatua, cada parquecito... iguales a los parques que me imaginaba cuando leía libros de Sábato por horas acostada en mi cama.
Cuántas ciudades y cuántas cosas que faltan por conocer. Yo quisiera vivir en muchas diferentes. Y en cada una de esas, llegar a sentirla, a olerla, a vivirla. Admiro a las personas que han vivido en muchos lugares. Los veo y me parecen como de otro mundo, como si hubieran recorrido un camino que yo todavía no recorrí pero que me gustaría tanto recorrer... Y a los que hablan muchos idiomas. Si me preguntaran cómo es mi vida ideal, es una vida en muchos lugares. Mientras sea posible y hasta donde sea posible. Sin apegos y lo más leve que la vida me lo permita.
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