martes, 8 de mayo de 2012

Matrimonios

Los matrimonios -o casamientos que llaman por aquí- siempre me han causado particular desagrado, pereza infinita y conflictos internos que difícilmente logro manejar y que me hacen poner de un humor nefasto todos los días que preceden a semejante evento.

Lo primero que me conflictúa es que no tengo vestidos, y si tuviera tampoco me pondría. El fin de semana pasado intentaron prestarme uno pero la verdad es que nadie guarda muchas esperanzas de que yo me ponga eso alguna vez. Ni vestidos, ni mantitas, mucho menos tacones, ni aretitos. Ya lo hice una vez y hay registros fotográficos que lo prueban, pero no me dan ganas de volver a hacerlo nunca porque es incómodo y no me queda bien.

Lo segundo es que hay que dar regalo (o dinero en el mejor de los casos). Y dada mi tendencia a gastar por adelantado, la verdad es que casi nunca tengo para ese tipo de gastos imprevistos.

Y la otra cosa es la celebración del sagrado sacramento del matrimonio como tal. En iglesia católica, por supuesto. Yo solía ser muy católica, y por voluntad propia. Celebro el hecho de que mis padres (ella, de creencias religiosas que no podría definir ni describir y él, adventista) nunca me forzaron a pertenecer a ninguna religión. Y como crecí sin la influencia de abuelas/os y siempre estudié en colegios mixtos y laicos, tampoco estuve expuesta a la religión católica ni a ninguna otra. Me hice bautizar cuando cumplí siete años y mis papás tampoco en ese entonces, hicieron nada para impedirlo. Y a los nueve, hice la primera comunión.

Era practicante, iba a misa cada domingo, leía la Biblia, estaba en el coro de la iglesia e incluso me hice monaguillo de la iglesia de mi barrio. Yo y mis amigas fuimos las primeras niñas monaguillo. Creo que mi madre llegó a preocuparse por mi excesivo fervor, hasta el punto de prohibirme ir a misa más de una vez al día y leer tantos libros de la vida de Jesús y similares.

Hasta que un día decidí dejar de ir. Sentí que había sido suficiente y no volví. Y tampoco lo extrañé.

Ahora solamente voy a misa cuando es estrictamente necesario aunque me gusta entrar algunas veces a las iglesias y rezar, siento que me da tranquilidad. Y cuando estoy en modo turista, entro a conocer iglesias en cada sitio que voy porque me gusta ver la edificación, las pinturas, todo lo que hay en ellas. Ya no siento el mismo fervor que sentía cuando era pequeña, de hecho ya no siento fervor alguno. No soy atea, creo en Dios. Igual que mi madre, tengo mi propio conjunto de creencias que de hecho se parece bastante al suyo porque cuando crecí y empezó a explicarme las cosas en las que ella creía, me parecieron bastante más felices, esperanzadoras y sobre todo lógicas, que todas las cosas en las que yo alguna vez había creído. Y por eso las adopté.


La ceremonia católica del fin de semana sin embargo, estuvo bastante entretenida. Los comentarios del cura hicieron que valiera la pena ir un sábado a medio día, cuando hubiera preferido de mil amores quedarme en casa viendo series y no levantarme sino para pagar la comida a domicilio. Al final dijo: que sean muy felices, Dios los bendiga, etc. etc. y que nunca falte la carne en el asador.

Después hubo un brindis en un salón (rogué que no hubiera baile y Dios me escuchó), con mesas distribuidas de manera que cada grupo fuera suficientemente homogéneo entre sí: la mesa de la familia, la mesa de colegas de trabajo, la mesa de compañeros de la universidad y los niños revoloteando por ahí.

Toda mi mesa estaba emparejada porque la invitación estaba dirigida a cada uno con su pareja respectiva. A los novios les preguntaron: y matrimonio para cuándo, a los esposos: y los hijos para cuándo... y a mi, que era la única que había ido sin pareja me dijeron: y bueno Andrea, vos sos muy chica todavía (¿?), pero si querés te buscamos a alguien. Por favor NO!!!

Así fue, y bueno, qué le vamos a hacer. Algunas veces hay que ir a ese tipo de compromisos aunque no nos plazca porque está mal visto no ir. Igual espero que nunca nunca me pongan a ser madrina de nadie, ni de bautizo ni de matrimonio ni de nada. Que me inviten al menos número de matrimonios posibles y que yo encuentre la mayor cantidad de excusas existentes para dejar de ir. Que así sea.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

a mi me encantan... como ya sabes.

Andrea dijo...

Lo se :)

7 anhos en USA

 Casi me olvido de mencionar que hoy cumplo 7 anhos viviendo en Estados Unidos. Es el tiempo mas largo que he vivido en un solo lugar aparte...