Créditos: Reina cuando estuvo aquí conmigo en SP
domingo, 17 de febrero de 2013
viernes, 1 de febrero de 2013
Bienvenida?
Venía en un vuelo de Aerolíneas Argentinas el otro día cuando la azafata me preguntó:
- Qué tomás?
- Jugo de naranja
- No hay jugo de naranja. Gaseosa, agua o café.
- ...
Encima el tono en el que me respondió esa azafata raquítica y con el pelo pintado de rubio, hizo que hasta la señora del lado volteara a mirarla con indignación. Ahí en ese momento me di cuenta de que estaba en territorio argentino, incluso antes de poner un pie sobre la tierra.
Después de eso vinieron también los problemas de entendimiento con el señor del remis, la verdad es que no sé para qué sigo intentando ser amable y hacer conversación con los argentinos:
- Escuché que estaba haciendo mucho calor estos días...
- Ehhh...??
- ...
Luego vino el fallido intento de ir a un restaurante porteño. Ya tenía mis dudas al respecto porque dado que vengo de tres meses de comer muy bien, estoy muy poco tolerante con la mala comida. Ni siquiera tuvimos la suerte de ser atendidos por la mesera del dichoso restaurante, y acabamos levantándonos de la mesa e saliendo del lugar luego de que la ella atendiera a dos mesas que habían llegado después que nosotros. Aparte preguntó por qué nos estábamos yendo.
Me parece que estoy muy poco paciente con esta ciudad. Lo único que me alegra es saber que ya me voy.
- Qué tomás?
- Jugo de naranja
- No hay jugo de naranja. Gaseosa, agua o café.
- ...
Encima el tono en el que me respondió esa azafata raquítica y con el pelo pintado de rubio, hizo que hasta la señora del lado volteara a mirarla con indignación. Ahí en ese momento me di cuenta de que estaba en territorio argentino, incluso antes de poner un pie sobre la tierra.
Después de eso vinieron también los problemas de entendimiento con el señor del remis, la verdad es que no sé para qué sigo intentando ser amable y hacer conversación con los argentinos:
- Escuché que estaba haciendo mucho calor estos días...
- Ehhh...??
- ...
Luego vino el fallido intento de ir a un restaurante porteño. Ya tenía mis dudas al respecto porque dado que vengo de tres meses de comer muy bien, estoy muy poco tolerante con la mala comida. Ni siquiera tuvimos la suerte de ser atendidos por la mesera del dichoso restaurante, y acabamos levantándonos de la mesa e saliendo del lugar luego de que la ella atendiera a dos mesas que habían llegado después que nosotros. Aparte preguntó por qué nos estábamos yendo.
Me parece que estoy muy poco paciente con esta ciudad. Lo único que me alegra es saber que ya me voy.
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