miércoles, 30 de octubre de 2013

La tierrita

Hice un viaje relámpago para celebrar el cumpleaños de mi madre en Bogotá, y volví recién hace un par de días. Me gustó volver y verla a ella y a un montón de gente que no veía hace tiempo, siempre es bueno volver y esta ha sido una de las veces que más feliz me ha hecho visitar la tierrita porque siempre es lindo volver, y porque me encantó como está todo.

Esta semana está un poco movida porque estoy pagando caro haberme ido una semana de viaje, tengo algunas cosas pendientes en el trabajo y parecen ser muy urgentes... encima se viene la mudanza el fin de semana, y en quince días el viaje de mi madre porque la invité a pasar unos días aquí conmigo. Mucha cosa en muy poco tiempo, ya veremos como resulta.


jueves, 17 de octubre de 2013

If I pass out... please note my time

Mi nuevo apartamento queda a cuatro kilómetros de mi trabajo, que es un poco más lejos que los 500 metros que hay hasta ahí desde mi casa actual. Eso quiere decir que andaré más en bicicleta diariamente, y para ello he estado trazando posibles rutas con ayuda de Google Maps. Podría venir en metro pero me apetece más venir en bici.

Como me cambio de casa también voy a cambiarme de Box (que es donde tienen lugar los entrenamientos de Crossfit). Hay uno cerca del nuevo apartamento y no es que no me guste el actual, es que ahora queda medio a contramano. Tenía la esperanza de que el nuevo fuera un poco más barato pero es igual de caro. No se por qué es tan caro entrenar Crossfit porque si uno se pone a pensar no es una gran inversión la que tienen que hacer. Lo más grande sería el alquiler del lugar que casi siempre es un gran galpón sin muchas configuraciones complicadas. Su filosofía es bastante básica y eso se refleja en la ausencia de aparatos: en lugar de eso hay pesas, barras, bolas, cuerdas, lazos y algunos remos, que son la única máquina parecida a las que tienen los gimnasios convencionales. El remo siempre fue mi aparato favorito desde mis tiempos de Uniandes, sólo que luego ya no volví a encontrarlo porque no parece ser tan popular como las trotadoras, las elípticas, las bicicletas, etc.

Lo otro que caracteriza los Boxes es la ausencia de espejos. A diferencia de todos los gimnasios en los que ya entrené, para poder ver a medias un reflejo propio en mi box hay que hacerse delante de un vidrio que da a la calle, y solo se puede en la noche cuando está oscuro el fondo. El resto son paredes, todo muy básico. Eso porque se supone que la gente que entrena allí lo hace por bienestar y no por tener un cuerpo "lindo", aunque eso acabe siendo una consecuencia. Cuerpo lindo entre comillas porque es un tema en el que podría extenderme tanto que daría para escribir otro post.

El caso es que es carísimo entrenar Crossfit y a mi me parece que es un poco porque está de moda. Yo igual nunca vi resultados parecidos, ni me sentí tan fuerte físicamente como ahora, ni tuve un cuerpo con el que me sintiera tan a gusto, así que para mi sigue valiendo la pena. "Train hard and get results", "Tu entrenamiento es nuestro calentamiento", "My girl is stronger than you", "If I pass out... please note my time", "Skinny girls look good in clothes, fit girls look good naked", "When nothing goes right, go lift", "Don´t ask me why I Crossfit, ask yourself why you don´t", "I think I like who I am becoming" son algunas de las frases que resumen lo que se hace ahí, y que ya vi en tableros de Boxes, impresas en camisetas, en páginas de facebook, etc.

Lo más chévere que me pasó hoy entrenando fue cuando uno de mis entrenadores se enteró de que me iba a cambiar y me dijo: "ya se que te vas. Y bueno, desde que sea Crossfit no importa que te cambies".



martes, 15 de octubre de 2013

Nómada

Cuando nací mis papás vivían en una casa en un barrio de Bucaramanga que se llamaba Diamante II, pero pocos meses después se fueron a vivir al primer apartamento del que tengo recuerdos, el mismo en el que después continuó viviendo mi padre cuando mi madre y yo ya vivíamos en Bogotá, y el cual yo visitaba con cierta frecuencia.

Ya en Bogotá viví en casa de mi abuela varios anhos hasta que mi madre compró un apartamento y nos mudamos ahí ella y yo. Gran parte de mi vida escolar y universitaria transcurrió en esa casa de mi abuela, que todavía visito cuando voy a Colombia. El apartamento de mi madre era un duplex y a mi me encantaba. Yo dormía en el primer piso y mi madre en el segundo. Me trae muy buenos recuerdos porque fue en esa época que descubrí que era gay y conocí a la morsa, fue ese el apartamento de los corazones en la ventana que ella pasaba y veía cuando iba a clases en su universidad. El apartamento de la terraza en la que nos quedamos debajo de la lluvia para luego meternos debajo de las cobijas. Ahí pasó todo eso.

Luego yo también compré un apartamento que primero planeaba arrendar, pero cuando vi lo lindo que era decidí mudarme yo. Por poco tiempo igual, porque me fui a Argentina y a partir de ese momento emprendí a mi carrera frenética de mudanzas interminables. Afortunadamente en Argentina nunca compré muchas cosas, cada mudanza la hacía prácticamente en las maletas con las que había ido, buscaba lugares amoblados para no tener que llevarme nada, en Buenos Aires siempre sentí que estaba de paso.

Viví unos meses donde el zorro que me recibió en su casa cuando llegué con una manita adelante y otra atrás. Unos meses después conseguí un apartamento con un montón de gente en un casa donde la mayoría eramos colombianos. Contrario a lo que yo pensaba, la convivencia funcionó bastante bien, y la verdad es que yo no habría salido de ahí tan rápido de no ser porque venía el verano y ese apartamento no tenía aire acondicionado.

De ahí alquilé un apartamento con un pianista argentino y su gato, y aunque era mucho más cómodo que el apartamento comunal, me fui porque su gato cagaba en el banho, y porque la sala empezó a llenarse de couchsurfers de todo el mundo que el pianista recibía. Entonces decidí que era hora de vivir sola. Busqué un apartamento y me fui allí.

Lo mejor del apartamento de Recoleta era el barrio, y lo peor era la cocina porque era diminuta y no me daban ganas de cocinar nada. Ahí estuve algunos meses hasta que una suma de circunstancias me hizo salir: la quita de los subsidios, las restricciones a la compra de dolares (ese apartamento se pagaba en dólares) y sobre todo mis planes de irme a vivir Brasil.

Salí del apartamento de Recoleta para irme a vivir con Lukas durante el mes que faltaba antes de irme a San Pablo. El mes resultaron ser tres, y pasé uno de los periodos más tranquilos en toda mi estancia en Argentina. Lukas cocinaba como los dioses y yo lavaba la loza. Salíamos juntos, hacíamos mercado juntos y veiamos maratones de Sex and the City juntos mientras comíamos un kilo de helado. Pues eso, el hombre de mi vida se llama Lukas y es gay.

Cuando vine a Brasil viví dos meses en un hotel. El hotel del pan de queso al desayuno y del ascensor que me hablaba. Luego un amigo me invitó a vivir en una casa enorme que planeaban alquilar con otras dos personas del trabajo y yo acepté. Lo bueno de esa casa era todo y lo malo era él. Irónicamente ese tipo que me invitó a vivir con ellos fue con el que peor me llevé al final, y ese es justamente el motivo de mi nueva mudanza.

Ahora viviré con un chico brasilero que tiene buenas referencias. Lo bueno del apartamento es todo: el espacio, el barrio, el metro, todo. Lo potencialmente malo es Bacon, un bulldog inglés que vive ahí. Ya iré dando noticias.


Nota al pie: Me he vuelto muy drástica con las personas que me envían invitaciones de juegos y boludeces en facebook. A la primera perdono pero a la segunda elimino. La gente debería ser más cuidadosa y solamente dirigir sus invitaciones a las personas que juegan.

7 anhos en USA

 Casi me olvido de mencionar que hoy cumplo 7 anhos viviendo en Estados Unidos. Es el tiempo mas largo que he vivido en un solo lugar aparte...