Estaba en el compu perdiendo un poco el tiempo antes de proceder a abrir el documento vacío de mi tesis y sonó en el aleatorio una canción de Proyecto Uno. Proyecto Uno!!!!!
Primera noche.. Recibí una llamada (ahá)
fue mi ex novia, solo piensa en mi cara (ahá)
ella me llamó pa' decirme Negrito me haces falta (aháa)
yo la quiero sacar a bailá pero no tengo plata (aaah)
Y luego ese corito de:
Ya tu saaaaa... uuuhh uuhhh, te dejaron flat!
Proyecto Uno es la banda sonora de una época de mi vida en la que viajaba a Bucaramanga con mucha frecuencia a pasar mis vacaciones. Y bailábamos eso. Yo claro, no sabía bailar y difícilmente conseguía coordinar mis propios movimientos con los de esos otros muchachitos que tampoco sabían bailar. No se por qué en ese barrio había tantos niños de mi edad, como si todo el mundo se hubiera puesto de acuerdo para tener a sus hijos con uno o dos años de diferencia. La otra cosa que no se, es por qué organizaban tantos bailes si hacía tanto calor, ni quién los organizaba. Sólo que había muchos: en el salón comunal, en las casas, en los garajes. Y con cualquier pretexto: novenas, navidad, año nuevo, cumpleaños, grados del colegio, etc. etc.
Yo iba ahí cada 6 meses y me los encontraba de nuevo a todos, cada vez un poco más grandes. Además de bailar descoordinadamente, nos la pasábamos jugando Venados y Cazadores (versión santandereana de Policías y Ladrones), tarro, bobby, ponchados, subíamos a la montaña a agarrar naranjas de una señora que vivía en la casita que se veia desde la autopista, caminábamos a la cascada y nos bañábamos para luego devolvernos todos mojados y nos quedábamos todo el día en el parque, en la cancha de basket o en el parqueadero patinando y montando bici. Tengo muy buenos recuerdos de esa época, en la que éramos unos niñitos medio hiperactivos y todo era muy sencillo y feliz. Son cosas que en Bogotá no habría podido hacer por muchos motivos. Ahí era muy normal: río, cascadas, montaña, arboles de naranja, todo eso solo habría podido hacerlo ahí, con ellos.
Lo otro que hacíamos era armar parejitas, Fulanito con Menganita, Perencejo con Zutanita. Los más grandes eran novios formalmente, los más chiquitos solo se las arreglaban para darse besitos furtivamente en casa de alguno a escondidas de los padres respectivos, o en jueguitos de botella, en escondidas americanas, etc. etc. Yo en esa época era medio asexual y aunque había un niño de ellos que decía estar enamorado de mi, me escribía cartas de amor, me sacaba a bailar en todos los bailes, etc. a mi nunca me dieron ganas de darle un beso hasta mucho tiempo después, por pura curiosidad cuando yo ya estaba en la universidad y fui un par de semanas a visitar a mi padre. Y la verdad, mejor hubiera sido quedarme con la curiosidad.
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Novedades de esta semana: conocí el gimnasio de Lukas y sentí una envidia infinita porque es divino. Me hizo hacer una secuencia de abdominales de ocho minutos y luego me emocioné con aparatos que no tengo en el mío. Hoy por supuesto, me duele todo.