Se me acaba de ocurrir pensar en cómo la gente cambia con el tiempo. No la gente, voy a ser más específica: yo, cómo cambio yo. La gente también, pero como no tengo cómo corroborarlo porque no estoy en sus cabezas, sólo las elucubraciones sobre mi misma valen la pena y vienen al caso.
Con el tiempo las manías y los rollos se acentúan. Antes contestaba el teléfono de vez en cuando o no me molestaba tanto, ahora no lo contesto casi nunca y la única persona con la que hablo es con mi madre. Antes llamaba a pedir domicilios y ahora prefiero cocinar o salir a algún sitio a comer.
Mi introversión se acentúa pero felizmente he aprendido a aceptarla y a lidiar con ella. Me tomó un montón de tiempo entender que no era como otras personas, pero que tampoco era la única. Crecí preguntándome por qué era tan tímida e intentando disfrutar de momentos de felicidad grupal, y ahora sé que no soy tímida y que la estar en grupos no me hace tan feliz como tener interacciones uno a uno, o simplemente pasar tiempo sola, y por el contrario, estar expuesta a interacciones grupales me desgasta.
Siempre me gustaron los medios de comunicación electrónico, recuerdo haber estado horas y horas en el chat del momento hablando con la gente que siempre estaba allí también, y luego de repente ya no lo hago. No me dan tantas ganas, no siempre encuentro de qué hablar, me he vuelto muy sencilla, o mi vida se ha vuelto sencilla.
No sé que parte de todos los cambios son causados por el paso del tiempo, por la edad o por mis mudanzas, tal vez un poco de todo. Es curioso preguntarme cómo sería si todavía viviera en Buenos Aires, o en Brasil. O si nunca me hubiera ido de Colombia. Cuando uno se va de un lugar deja de ser el que era y no vuelve a ser lo mismo así vuelva después porque las circunstancias cambiaron. Y yo siempre soy muy consciente de ello cada vez que me voy, lo sentí en Argentina cuando caminé por Corrientes al depa de Lukas en mi último día de trabajo, en Sao Paulo cuando subía por la calle Augusta a la estación de metro de la Paulista después de hacer formar la carteirinha de trabajo cuando dejé de trabajar allí, y en Colombia cuando volvía por la séptima al apartamento de mi madre después de llevar la carta de suspensión de servicio de Telmex cuanod me iba a Bs As. Siempre caminando, siempre en las calles más importantes.
Dos cosas destacables del día de hoy: me corté el pelo pero me lo estoy dejando crecer, solo que los estados intermedios son complicadísimos. Va a tardar más o menos un año en volver a ser como era antes, y mientras tanto, paciencia e intentar que luzca lo mejor posible.
La segunda pasó ayer en realidad pero sólo hoy fui consciente de las consecuencias: se me cayó el celular dentro de la sopa de brocoli a la hora del almuerzo, y cuando intenté sacarlo se me cayó de vuelta. Pensé que no había pasado nada pero hoy sonó gangoso cuando me dieron ganas de escuchar la nueva canción de Lady Gaga. Eso, y huele a crema de brocoli el cosito donde se conecta.