Parece que la señora que me iba a ayudar con el aseo no vendrá. No me confirmó, tenía que llegar hace quince minutos, no ha llegado y no me contesta el celular. Es como una maldición, un déjà vu.
Vivo en un monoambiente chiquitito y la verdad es que casi ni permanezco en él. La cocina sólo la uso para hacer desayunos de vez en cuando, la mesa del comedor está llena de cuadernos, revistas y chucherías porque cuando como lo hago en la cama y apoyo la comida en la mesita de noche o en la propia cama. La nevera permanece vacía excepto cuando siento el impulso de ir a hacer mercado y compro algunas cosas -pocas porque como no cocino tanto, se dañan y tengo que botarlas-. Mi amiga uruguaya no desaprovecha ocasión para decirme: qué tanto se puede ensuciar, y qué tanto trabajo puede ser limpiarlo? Y yo siempre le contesto: es que no se hacerlo, entonces me demoro mucho y me queda mal. La verdad y nada más que la verdad.
Bueno, después de escribir esto ya han pasado 22 minutos, volví a llamarla sin obtener respuesta así que acabo de hacerme a la idea de que no vendrá y de que tendré que limpiar otra vez yo.Lo bueno es que con la excusa de que venía la señora, me quedé en casa y trabajaré desde aquí. Y a esta hora en vez de estar saliendo para tomar el subte lleno y caliente de la hora pico, estoy en casa en pijama tomándome un Actimel y escribiendo un post. Si alguna vez me cambio de trabajo hay dos cosas que extrañaré mucho: el Home Office y las clases de portugués. Y algunas otras cosas de las que quizás hable en otra ocasión.
Bueno, para los que no lo habían notado
Naty ha vuelto. Manifiesta que le gusta leer sus posts viejos y a mi también. Mucho. Hay registro allí de muchas cosas que no recordaba ya y que me da gusto recordar, es una muy buena época esa.
La canción del día es
esta, de un grupo que se llama Monsieur Periné.
Nota al pie: es oficial, la señora no vino.