domingo, 24 de mayo de 2015

Las cinco del Viernes (22.05.2015)

Cuando era niña era muy enfermiza, recuerdo mi infancia como una sucesión de enfermedades de las más y las menos comunes. Mi madre y mi padre literalmente ya no sabían qué hacer conmigo, me llevaron a médicos de todas las disciplinas, a todos los que encontraron en Bucaramanga, pobres. Me hicieron numerosos tratamientos (unos más extraños que otros) y yo seguía igual enferma: ataques de asma cada dos meses pero además otras cosas que ya ni recuerdo. Eso sin contar psicólogos, a quienes visité asiduamente desde muy pequeña.

Solo empecé a ser un poco más saludable cuando me mudé a Bogotá a los siete años: la frecuencia de los ataques se fue reduciendo paulatinamente hasta llegar a ser casi nula. Mi último episodio fue en 2006, recuerdo que me levanté en la mañana sintiendo que iba a pasar, fui a trabajar y al final del día fui al San Ignacio de la Javeriana a que me viera el médico. Mis ataques de asma no son causados por alergias ni por nada de eso a lo que normalmente se atribuyen, y además aprendí a conocerlos y a saber el momento en el que necesito ir al hospital a que me haga nebulizaciones, que es lo único que me funciona porque los inhaladoras o no los aprendí a usar, o nunca me sirvieron. Cuando siento que voy a tener un episodio, se que pasarán más o menos ocho horas hasta que se complique. Esa última vez sin embargo fue más complicado porque no solo me hicieron nebulizaciones sino que me dejaron una noche en observación, y me hicieron un examen de gases arteriales que odié porque me dolió mucho. Ni voy a contar como es porque me da impresión, solo diré que hay una aguja involucrada y eso ya me da pánico.

Después tuve otro periodo muy enfermizo como en 2006-2007, una baja de defensas enorme que hacía que me enfermara de las amígdalas cada mes. De hecho estuve pensando seriamente quitármelas porque duele mucho enfermarse de eso, fue un periodo muy complicado de mi vida y al final la única que logró sacarme de mi mala racha y subirme las defensas de nuevo fue la Doctora Laura, que algunas lectoras de ete blog conocerán (alias Dra. Lechuza porque 'le chuza' todo pero cura, de verdad). Iba cada viernes en la mañana a su consultorio a que me pinchara, y después de cada sesión sabía que tenía apenas media hora para llegar al apartamento de mi madre y tirarme en la cama porque de lo contrario sentía que podía desmayarme en plena calle, Las sesiones eran durísimas para mi cuerpo, después duraba todo el día con mareo y dolor de todo pero al día siguiente ya estaba bien, y así poco a poco Laura me subió las defensas y me devolvió mi salud perdida, algo por lo que le estaré eternamente agradecida. Y pude continuar con mis amígdalas.

Después he sido cada vez más saludable. En Buenos Aires enfermé poco, en Brasil poquísimo y aquí nada. Por el momento, toco madera. Espero seguir así porque enfermarse en Estados Unidos sale por un ojo de la cara. Por eso soy maniática de la alimentación y de la actividad física, es mejor prevenir que curar si te cuesta unos cuantos cientos de dolares cada vez que vas al médico a un chequeo.

Las agujas me siguen dando miedo pero no tanto como antes, después de los tratamientos de Laura, ningún pinchazo me va a asustar tanto. Cuando me sacan sangre prefiero no mirar igual.


Las preguntas están aquí:

1. What was the most sick that you've ever been?
2. What disease are you afraid of getting?
3. Are you a big baby when it comes to taking medicine/shots for your illnesses?
4. Is going to the doctor really THAT bad?
5. Would you have the flu twice a month if you were paid $1,000 for having it?

1 comentario:

Pitu dijo...

Me gusta el nombre de tu carro, me parece que le queda bien... Que era lo que te inyectaba la Dra Lechuza y en que partes del cuerpo?? Era acupuntura?

7 anhos en USA

 Casi me olvido de mencionar que hoy cumplo 7 anhos viviendo en Estados Unidos. Es el tiempo mas largo que he vivido en un solo lugar aparte...