Han sido muy movidos estos días en SP. Mis días tranquilos de hotel están quedando en el olvido, y ha sido un mero corre-corre porque no nos han entregado la casa, porque el fiador no ha firmado, porque el hijo del fiador no ha ido por el papel porque tiene una presentación de teatro lunes, martes y miércoles, y por todo lo anterior soy homeless, tengo sendas maletas guardadas en el guarda-paquetes de la empresa, mi bicicleta guardada en el parqueadero y el resto de cosas en donde mis futuros roomies. Como dijo mi amiga la reina: sumercé tranquila así esté durmiendo debajo del Cristo Redentor, bajo el sol y bajo la lluvia.
Yo que soy tan requeñeque, resulta que en condiciones extremas me comporto bastante bien, como que se me olvida todo y más vale. Lo que me lleva a pensar que en realidad esas exquisiteces son una falacia porque la mayoría de veces uno acaba saliendo bien librado. Y es que no hay mucha más opción. Así que lo mejor es no preocuparse, el ser humano es infinitamente adaptable y yo soy la prueba vívida de ello: ya pase una noche a la intemperie afuera de un aeropuerto del que fuimos expulsados mis amigos y yo, acampé en el Tayrona, me quedé en un hostel con seis personas en Iguazu, me cambié de casa cinco veces en los dos años que pasé en Buenos Aires y he estado casi cinco días cargando corotos por todo San Pablo. Si yo lo hice cualquiera lo hace si se ve obligado a. Eso, y voy a pensar que a la larga no soy tan requeñeque.
Mi madre me preguntó en un correo qué iba a hacer en Navidad. Seguramente lo hizo meramente para satisfacer su curiosidad y no porque estuviera preocupada porque no voy a pasar esa fecha en casa. Ella igual que yo, no le da mucho valor a esas festividades: Navidad suele (solíamos cuando yo vivía con ella) pasarlo en casa de mi abuela porque se reunen todos y hay niños y les dan regalos, etc. etc. En Año Nuevo sin embargo prefiere quedarse en su apartamento. Las dos nos quedábamos juntas cuando yo vivía con ella y la verdad es que difícilmente llegábamos despiertas a media noche.
Luego recuerdo haber pasado otra Navidad y Año Nuevo en Santa Marta con el pollo y ella no reclamó así que bueno, no será la primera vez ni la última que no pasemos juntas y a ambas medio que nos chupa un huevo. Mi madre es lo más.
martes, 4 de diciembre de 2012
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1 comentario:
el ser humano no sabe que es capaz de algo hasta que va la vida y lo obliga uno... y al final, no era tan difícil.
una vez pasé la noche en la casita del rodadero de un parque de Bogotá; todo para darle más tiempo a una amiga para charlar con el chico que le gustaba y claro, cuando el momento romántico se acercaba, estratégicamente, me hice la dormida.
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