Tenía amarrada en la muñeca una tirita morada que me había regalado mi amiga Carol cuando la vi en San Pablo hace unos meses, de esas que cuando te la pones pides tres deseos y la usas hasta que se cumplan. Uno de los deseos se cumplió, el otro no y del otro no me acuerdo, pero me di por bien servida y dejé de usarla cuando me fui a vivir definitivamente a Brasil. Supongo que lo que hace que esas cosas se cumplan no es la magia de esos amuletos, sino la fuerza de los propios deseos y la energía que uno mismo acaba imprimiéndole a cada uno de ellos. Por eso siempre hay que tener cuidado con lo que se desea.
Vine a Buenos Aires porque al fin me darán la Visa que he esperado durante todos estos meses. Si todo sale bien mañana la tendré estampada en mi pasaporte, alegría infinita. Estoy rogando porque no tenga foto porque me la tuve que tomar a las carreras y quedó horrible. Las fotos de los documentos siempre son un espanto.
Por otro lado es lindo ver a mi puto bello de nuevo, me consiente y me hace reir. Igual que antes, me lo quiero llevar a San Pablo y se lo digo a cada rato para que empiece a visualizarlo y haga como hice yo con la tirita morada. Vamos a ver si funciona.
domingo, 16 de diciembre de 2012
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1 comentario:
Hay veces que sin saber que deseas algo se cumple sin quererlo. Me ha sucedido. Besos
Lu.
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