Me he dejado de comer las uñas. Es muy pronto para decirlo después de 3 días pero las veo y ya me parecen hermosas. No puedo evitar sentirme orgullosa.
La persona que más odiaba mis uñas mordidas sobre la faz de la tierra era mi padre. Me regañaba por comérmelas cada vez que iba a visitarlo, así que casi siempre empezaba a dejármelas crecer faltando un mes así estaban decentes cuando él me las revisaba. Y claro, me las volvía a comer apenas me subía al avión de vuelta. Soy capaz de hacer esas cosas si tengo una motivación suficientemente grande, y evitarme sus regaños era un poderoso motivador.
Ya iré documentando mis progresos. O mis retrocesos...
miércoles, 26 de septiembre de 2012
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2 comentarios:
mmm... conmigo intentaron el esmalte oscuro y el de sabores feos. Al final la solución mágica fue ver las uñas blanditas de una comelona obsesiva que me dieron mucha impresión y santo remedio.
Eso sí, mantenerlas muy corticas evita tentaciones!
Conmigo el esmalte no funciona. Solo mi propia fuerza de voluntad frente a una motivación particular.
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