Leí el último post de Del y no me pude resistir a escribir uno propio al respecto. Nuestros padres parecen habernos educado bajo lineamientos muy parecidos, y es gracioso que incluso hayamos estudiado en los mismos colegios. Ella, su hermana y yo nos conocimos usando ese uniforme con jardinera a cuadros, camisa amarilla, medias y saco verde. Teníamos que formar filas por orden de estatura, ir a misas, rezar, ir a bingos, bazares, preparar bailes y participar en reinados y concursos de disfraces. Todo muy pintoresco.
Ya luego cuando nos cambiamos de colegio no tuvimos que hacer nada de eso: nunca hicimos una sola fila, ni rezamos ni fuimos a ninguna misa. Tampoco preparamos bailes -bueno, yo no preparé porque bailar no se me daba bien aunque creo que a Del si-, reinados no había, disfraces no recuerdo... y a duras penas usábamos uniforme. Yo en particular usé pantalón en vez de falda desde que fue autorizado y agradezco a las chicas que tuvieron a bien presentar tan noble proyecto para que fuera finalmente aprobado. Dios bendiga nuestro colegio!
Yendo un poco más atrás para llegar a donde llegó Del, mis padres tampoco me indujeron a elegir ningún tipo de juguete que encajara en algún estereotipo. Ellos se esforzaban en complacerme cuando yo elegía alguno: elegí una bicicleta que mi madre me enseñó a montar a pesar de que esa era una afición de mi padre, elegí un pianito, elegía muñecos de peluche que luego terminaban guardados debajo de un gran plástico para que no se llenaran de polvo ya que casi no jugaba con ellos, y creo que llegué a elegir barbies aunque al final fueran mis amigas quienes acabaran jugando con ellas, y yo por ahí peinando al perro de la barbie.
Amigas no tenía muchas en realidad, yo pasaba mis tardes y mis noches jugando con Roberto Carlo, Juan Pablo, Cesar Augusto y Hugo. Si me lo preguntan, siempre me sentí más cómoda estando con ellos que con las niñas del conjunto donde vivíamos porque ellas hacían cosas que yo consideraba que no sabía hacer, como preparar coreografías de Flans, hacerse peinados y chismear entre ellas, todas cosas que a mi no me animaban mucho. Ellas eran un poco más grandes que yo, claro y eso es una diferencia importante. Recuerdo haber pensado que: 'quizás cuando tenga esa edad voy a animarme a hacer las cosas que hacen ellas', aunque también tengo memoria de haberme dicho a mi misma: 'si eso es lo que hacen, quisiera nunca tener esa edad...'.
Al final no estuve allí para comprobarlo porque me fui a vivir a Bogotá antes, y allí ocupé mi tiempo en practicar todo tipo de deportes que mi madre me animaba a aprender, y ella se empeñó en que yo hiciera muchos. De esa manera me libré de hacer coreografías, chismear y hacerme peinados cuando cumplí 12 años. Novelas tampoco vi nunca de pequeña y me parece que no me perdí de mucho, excepto de las conversaciones sobre el último capítulo de la novela de moda de los niños que si las veian. La primera novela que recuerdo haber visto fue 'Betty la fea' mucho tiempo después, cuando ya tenía mi cabeza y mis ideas bien formadas. Juegos de video si jugué porque mi tío tuvo a bien regalarme un Nintendo cuando tenía 8 años, sin embargo después de eso nunca jugué nada más ni he comprado ningún modelo posterior de consola. Tamagotchi si tuve en su momento, y recuerdo haberme enojado un par de veces cuando me lo mataban, pero luego dejó de importarme el bicho y debí haberlo perdido porque no tengo más memoria de él.
Grabé música del radio en cassettes que escuchaba por un tiempo y después sobregrababa, y así empezó mi afición por la música. También lei compulsivamente cada libro que me encontraba en la biblioteca de mi abuela, durante mis últimos años de colegio. Esas largas sesiones creo, fueron las primeras muestras de mi personalidad ermitaña y compulsiva. A mi madre no pareció molestarle que yo pasara mis tardes en casa acostada en la cama leyendo como un ente, y en vista de ello, tampoco se esforzó en hacer que yo fraternizara como la mayoría de gente de mi edad hacía. Sospecho que ella era muy parecida así que estaba acostumbrada a lidiar con esas prácticas.
Yo le agradezco por haberme criado de esa forma, por haberme instado a practicar deportes porque adquirí hábitos además de coordinación y un poco de habilidad, cosa que no todo el mundo tiene. Y agradezco sus elecciones de colegio porque hubiera odiado estudiar en colegios femeninos y/o de monjas, siempre me han causado repulsión.
La canción de hoy es un temazo de Queen, escrita por Brian May en una versión que canta él mismo. Genio!
Queen - 39
viernes, 13 de julio de 2012
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2 comentarios:
algo de bueno han de tener los colegios de monjas... qué me dices de las chicas con sus falditas? jeje.
Me hiciste reir con lo de las coreografías de las Flans.
Yo no tuve amigos de barrio hasta los 11 años que nos trasteamos al conjunto dónde vivimos ahora. Estaba acostumbrada al plan ermitaño de libros y, aunque lo intenté (y funcionó por raticos), al final no logré ser una niña de las que pasean por un conjunto y volví a mis libros y a mis actividades extra-escolares. Que recuerde, no les gustaba mi vestimenta cómoda (me llamaban "fachola") ni mi obsesión por andar de bici.
Tontas!
Claro, pero entonces a mi también me habría tocado ser una chica con su faldita, jajajajaja.
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