sábado, 16 de junio de 2012

Día Calamaro

Parece que a los argentinos les parece lindo el acento colombiano. Unos días atrás alguien sentado en el asiento del lado del colectivo me interrumpió mientras hablaba con mi amiga pare decirme: disculpá, de donde son ustedes... Yo le digo: somos colombianas, y responde: ay que lindo, que dulce! Y yo sonrío y ella me devuelve la sonrisa.

Mi relación con los porteños es de amores y odios. Hoy al almuerzo la señora de al lado, que se había tomado ya gran parte de su porrón de un litro de cerveza nos dice al zorro y a mi: disculpen que me meta en su conversación pero: de dónde son, no son de aquí, verdad? -No, somos colombianas. Ah, no sabía, pensé que eran mexicanas porque al final es muy parecido, no? Bueno... parecido parecido no es, pero cómo le explica uno a un porteño la diferencia? La señora además estaba tan risueña y tan habladora por el efecto de su litro de cerveza que no nos dio tiempo ni de contestar. Eran casi las cuatro de la tarde y ella decía que a le gustaba comer tarde, porque le parecía que uno debía comer a la hora que le diera hambre y no necesariamente a la hora de almuerzo. Y que además le gustaba ese lugar y por eso había corrido pensando que cerraban la cocina a las cuatro como suelen hacerlo en los restaurantes porteños. Ese es un buen restaurante, uno de mis favoritos aquí en Porteñilandia. Me gusta la gente que habla de comida como aquella señora, sobre todo cuando lo hacen con cierto placer. No hay placer más grande que comer.

Me gusta comer pero no cocinar. No tengo paciencia y me da aún más pereza cocinar sola. Mi nevera nunca tiene nada, paso largas temporadas sin hacer mercado y muchas veces lo que compro se daña porque no llego a consumirlo. Desayuno, almuerzo y como fuera, y eso explica por qué me quejo tanto de la comida. En la medida en que la gente cocina su propia comida, sufre menos con lo fea poco variada que es la comida en esta ciudad. Qué le vamos a hacer...

Lo otro de lo que me hizo caer en cuenta Lucas el otro día es que no tengo cosas que me hagan sentir algún tipo de vínculo con este apartamento, igual tampoco lo sentí nunca con ningún lugar en el que viví aquí. Veía como mis roomies colombianas de mi segundo apartamento (me he mudado más que nadie que conozco en esta ciudad) tenían su cuarto lleno de fotos y todo tipo de chucherías y elementos decorativos mientras que yo a duras penas sacaba las cosas de mis maletas. Ahora está todo desempacado y puesto en el armario pero no tengo ningún electrodoméstico, loza, cuadros ni nada propio excepto ropa, mi computador, algunos DVDs que he traído de a pocos de Colombia, otros que me han regalado y mis patines. Bueno o malo, es así aunque yo nunca haya sido consciente. Como si estuviera de paso.

Hoy es día de Calamaro: Quiero vivir dos veces para poder olvidarte, quiero llevarte conmigo y no voy a ninguna parte...
Andrés Calamaro - Paloma

2 comentarios:

Pi dijo...

y parece ser que, aún hablando en portugués, nuestro acento (el mio cuando menos) continúa siendo dulce (van n veces que me lo dicen).


Sigo pensando que es extraño que te guste tanto comer y tan poco cocinar; normalmente son aficiones que vienen de la mano... te tocará conseguirte un amor que cocine como los dioses; seguro que a tí se te conquista por la barriga! (como a los señores de antaño).

Andrea dijo...

Eso, un amor que me cocine como los dioses!!! Dios te oiga!

7 anhos en USA

 Casi me olvido de mencionar que hoy cumplo 7 anhos viviendo en Estados Unidos. Es el tiempo mas largo que he vivido en un solo lugar aparte...