domingo, 12 de febrero de 2012

Domingo

Mis fines de semana en Buenos Aires se ven condicionados mayoritariamente por el clima. Soy humanamente incapaz de salir a la calle y siquiera de abrir la ventana si está haciendo una térmica de más de 30 grados (podría soportar 32 en casos excepcionales), y ni hablar si hay humedad.

Hoy sin embargo, están haciendo 29 grados temperatura (y también de térmica), y sólo 46% de humedad, así que agarré patines, casco y agua, compré un banano en la tienda y me fui a patinar a los Bosques de Palermo. Allá resultó que estaban regalando yogurth Activia y con eso mi desayuno quedó completo. Ya se que me sub-alimento, pero no es por nada más que por descuido, por no hacer mercado y nunca tener qué comer en mi casa. Alguien me dijo que no sabía cuidarme y bueno, a veces parece que no sobre todo en estas cosas de la alimentación.

Luego llegué y afortunadamente sobró de ayer un poco de lomo saltado del restaurante peruano, así que lo calenté y lo comí ávidamente. Si no, habría tenido que salir a comprar empanadas, o pedir a domicilio cualquier chuchería antes de que me agarrara mareo y malestar por el hambre y el ejercicio. En algún momento de este fin de semana tendré que lavar todos los platos, vasos y cubiertos porque usé los últimos que quedaban, y el agua saborizada que había estoy teniendo que tomarla de la botella. Una cosa medio decadente el fin de semana la verdad.

Lo bueno es que me he dedicado al ejercicio, he vuelto al gym Viernes y Sábado, y hoy fui a patinar. Justo después de salir me percaté de que no había llevado los guantes de ciclismo que suelo llevar además del casco. La verdad es que aunque patino bastante bien luego de años y años de prácticas y entrenamientos, uno nunca sabe cuándo se va a caer, y con estos patines me caí justo el día que los estrené. Fue aparatoso, me llevé a mi amigo G. al piso conmigo y afortunadamente no nos pasó nada a ninguno. Al pantalón de G. se le hizo un hueco obsceno y a mi se me hizo un raspón en una rodilla, pero nada grave. La verdad es que después de tantos raspones, cicatrices y hasta una fractura en mi época de entrenamientos, poco miedo le tengo a un par de caídas más. Eso si, nunca sin casco.

Había brasileros en los Bosques, y como soy un poco nerd con el portugués, me las arreglé para patinar cerca de ellos un rato, y escuchar cómo hablaban. Juas!

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